Todavía recuerdo todos esos días invertidos en ti. En aprender tu nombre completo y tu fecha de cumpleaños, en saber qué música escuchabas y qué te hacía feliz. Descubrir qué cosas te ponían triste y cuales te ponían, a secas. Traté de que te mostraras tal y como eras, que me revelases sin quererlo cómo y dónde hacerte daño, y conseguí que creyeras que no lo haría nunca. Acepté tus manías e intenté comprender tus pensamientos, en especial los que no sueles decir y nadie suele saber. ¿Y todo para qué? Haberte conocido tanto para no reconocerte ahora.
Necesito tiempo. Para borrar todo lo que conozco de ti. O para darme cuenta de que no te conocía tanto como creía. Pero ya no tengo tiempo para conocerte de nuevo, no sea que me vuelva a costar reconocerte.