20.2.12

Que te vayas de mi vida dejándome más pena que gloria tú te lleves, que te vayas como un día viniste, sin prisas, sin avisos, sin un por qué, y que no me digas adiós, así como ningún día dijiste hola. Lo políticamente correcto sería desearte lo mejor, pero nadie ha dicho que quiera serlo, y lo que en verdad querría es que la vida te tratase mal. No te mentí cuando te dije que ojalá no te hubiera conocido nunca, porque la escasa felicidad a tu lado no compensa, ni de lejos, tantas lágrimas.

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